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  • Eilyn Lombard

Diario de las estaciones: Resistencias congeladas

Actualizado: 27 de oct de 2020

No ha llegado el invierno, no. Pero hay muchas maneras de saberse congelada. En esta mitad del otoño, que es ya de hojas secas en el camino del bosque, y de lluvia fría cuando me despierto, he querido hacerme la valiente. Hice público el título de mi propuesta de tesis: Poder, performance y poesía en América Latina (1997-2020). Hice públicas las imágenes, congeladas en Zoom, de la presentación ante el comité de profesores y algunos amigos. También, por cierto, hice pública una de las fotos de mi boda, hace dos años, vestida de negro en una tarde fría de octubre.



Y hasta ahí llegaron mis publicidades. Incluso, empecé a pensar, seriamente, por primera vez en mi vida, a salir(me) de la red social que me valiera encuentros, pérdidas, y los poemas de Bienvenido a Facebook.


El horror empezó a ganarme la pelea. El horror ante lo que veo y el que me obliga a estar callada cuando quiero hablar.


Aún no son las diez de la mañana. Afuera está gris y tuve que encender la lámpara de mi escritorio pintado color lavanda. Ya he llorado más de cuatro veces: las de cada vez que me despierto, porque sé que estoy sola, que ellas están solas, sin mí; las que tengo para el país que no es mío, que no va a serlo nunca, que se acaba también; las que guardo desde el país que fue mío, lastimado, perdido, desesperanzado; las que lloro por mí, que no fui capaz de decir nada, cuando quise, porque quiero, pero tengo miedo.





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