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  • Eilyn Lombard

Diario de las estaciones: nuestras hijas

para Alejandra y Reina Lucía

para Amalia y Adriana


Miré esta mañana cómo el árbol de patio apenas sostiene tres o cuatro hojas, totalmente amarillas. Hice una foto, esta foto.



Creí haber escrito sobre lo que sucedió la primera semana de noviembre, y ahora resulta que no, que lo imaginé u olvidé, que esos días fueron/son demasiado confusos, como lo han sido estos últimos, y hoy.


Si hubiera escrito entonces habría escrito del grito de felicidad, sobre las seis y algo de la tarde del miércoles, de unx de mis estudiantes... o de las celebraciones que se fueron sucediendo.


Pero la verdad es que esos eventos son demasiado complejos para mi inmadurez social, política, en este contexto ajeno. También es cierto que una no escribe de lo que conoce, sino, mas bien, de lo que no entiende o quisiera conocer. Tuve, sin embargo, la sombra de un alivio, la sensación de que el aire empezaba a ser distinto, a pesar del miedo.


Estuve muy cerca de las hijas de una amiga, en esos días, y pensé como siempre, pero más, en mis hijas. En lo que las palabras de una mujer negra, hija de inmigrantes, podía significar para ellas, para sus días por venir.


Nuestras hijas, que están haciéndose mujeres, verán en los árboles el ciclo de las estaciones, de la historia. Verán el miedo y la felicidad. Quizás puedan crecer en medio de posibilidades, no como nosotras, que crecimos hijas del miedo, congeladas.


Hasta hace muy poco no entendía, no había visto, más que en mi propia historia, que hay círculos de vida, espirales a veces. Yo jugaba a imaginar que podía hilar mis historias, enlazarlas para que se repitieran cada cierto tiempo, diez años según aquellas cábalas. Pero era muy ingenua entonces, había solo caminos ante mí, y elegí uno de ellos.


Nuestras hijas verán las hojas caer, y nacer, para volver a caer. Eso las hará aceptar, al tiempo que les enseñará a rebelarse ante la verdad de la naturaleza, de la historia. Solo es posible contestar a lo que se acepta como realidad. Ojalá podamos mostrarles todas las caras, todas las estaciones. Ojalá sepamos dejarlas libres para que despierten, griten, revuelvan, amen.






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