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  • Eilyn Lombard

diario de las estaciones o la matriz atónita



átono, dijeron de mi útero luego de la primera cesárea, justo antes de cerrar, porque no podían cerrar(me). átono, sin tono muscular. átono, sin tono.


ando así, sin tono. muscular, épico, emotivo.

la risa suena sin tono, mientras las lágrimas no suenan.




vuelvo a preguntarme cómo y qué. las voces de las niñas se distorsionan en el sueño, las voces de lxs que luchan se disuelven bajo las voces de lxs otrxs que luchan, y no encuentro lugares donde pararme a preguntar dónde estarán los desaparecidos, o por qué los desaparecen. a veces sabes que no basta que sepas dónde están.


encerrar a lxs otrxs en la memoria rota, en las esquinitas de la piel atónita.


atónita, digo de mí, luego de la última o la anterior de las cortaduras, que no pueden cerrarse. atónita, aturdida, herida del rayo. atónita, estupefacta. atónita, sin tono, otra vez.


encerrar a lxs otrxs para que se nos olviden. porque mirar cada mañana si todavía están ahí, o dónde están, detrás de la pantalla oscurecida del teléfono, de la imagen borrosa del video, de las rejas carcomidas por el miedo, no me deja olvidar, y es a la vez, olvido. están?





el útero recuperó su tono y volvió a guardar vida, incluso luego de que su cuello enfermara de dolor y malos amores. yo no sé si recupero aquel lugar, el tono, la sonrisa.


escribir para olvidar, para entender, para comer, para dar de comer a lxs otrxs. escribir a pesar del tono perdido, de los músculos muriendo. escribir sin deseos.


extender la conversación más allá de las certezas, más allá de los poemas de la mujer que me salvaba del silencio temeroso de la piel interior muriendo, y las pústulas. más allá de la vida que se extendía por sí sola.


leí/escuché a dos mujeres la semana pasada. como ninguna hubiera podido ser/vivir. a una le pregunté cómo era ser madre, leída, vivir en el mismo medio del miedo. de la otra escuché cómo era enfrentar el mismo miedo, y el odio, y odiar y perdonar a la vez.


aprendí a pinchar en donde estaba la memoria de lxs otrxs, que rechazan las equis y las es, las revoluciones, las diferencias, las posibilidades. no quería entenderlo. pero supongo que ha de ser también importante. reconciliar. poner todas las diferencias en la misma jarra, y beber de ellas. no sé. he hecho un hábito de pinchar, abrir los ojos, tocar casi. leo con desespero, uso el pulgar y el índice para agrandar, buscando los detalles detrás de la letra, la sonrisa o la lágrima de quien se esconde.


yo quería delinear resistencias que se descongelaran con el influjo de los aplausos y las canciones, de los colores, y sobre todo, de las flores y la poesía. yo quería servir para eso. y aprender desde mi propio cuerpo, desde los pedazos que le faltan o desde los que no tuve, o tendré. desde las enfermedades con las que coqueteé y las que me alcanzaron. yo quería poner mis roturas, la piel agrietada, el corazón partido, la sangre que lo ocupa todo puntualmente, las arrugas que vienen, mis tres canas, sobre todo el miedo, la tristeza, todo ponerlo allí donde no estoy, y que sirviera de algo.


sin tono, ando. balbuceo y me arrastro. yo quería entender o servir. las dos.



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